salgo de casa con hambre de vida
bajo la calle con el sol que me da los buenos días
esquivo a los charlatanes pesadísimos que quieren mi firma para su causa perdida
intercambio una sonrisa con una chica que acaba de salir del metro con mil carpetas y libros
me cruzo con un hombre cojo, y pienso qué afortunado soy de estar de una pieza
me dejo contagiar por la energía de cuatro niñas japonesas que ríen, cantan, saltan y corretean por el vagón
miro con envidia una pareja que se agarra de la cintura mientras sube la escalera mecánica
una señora y una mujer, madre e hija, charlan de sus cosas mientras van de compras
de frente, esperando bajo el semáforo, una cuadrilla de estudiantes hablan de sus cosas
paso al lado de una chica que mira distraída al infinito mientras su perro trota por el jardín
abro la puerta de cristal; ya he llegao