Delante de mí camina una chica con una minifalda la mar de corta y muy coqueta. Un poco más allá vienen de frente tres obreros enguarrados de barro y con las bolsas del almuerzo. Detras de ellos, también hacia nosotros, otra chica con vaqueros que les sigue.
La jugada se desencadenará en cuanto ellos sobrepasen la altura de la chica mona; la predicción es como sigue: [1] uno de los obreros se girará para comerse con la mirada las piernas de la chica sin tener que dar la cara. Cuando éste haya saciado su vista y vuelto a su camino, [2] la segunda chica que habrá observado la operación lanzará una mueca de rotunda desaprovación a espaldas del obrero. Después de los obreros será la chica de los vaqueros la que pase a mi lado y entonces, [3] podré ya reir a gusto por lo previsible de toda la situación.