para ese tío fumador, que me jode mi paseo cotidiano,
que caminas apenas tres pasos delante de mí, ¡si tú!, ese fulano;
para el que parece que carteles y prohibiciones se hicieron en vano,
que fumas desesperado y me escupes en la cara tu humo insano,
y que es desagradable a más no poder, sobre todo si es temprano,
para ti:
si una vez te adelanto y me pongo yo delante tuyo, así, muy cercano,
y me esfuerzo en sacar lo mejor de mí mismo en forma de metano,
es decir, que me tiro a posta, en tu jeta, un cuesco sobrehumano,
no te sorprendas, ni te atrevas a llamarme a mí marrano.