Estoy sentado en mi puesto de la oficina. Es tarde, y se han marchado todos ya. Fuera, apenas distingo ya el azul del cielo que poco a poco se va volviendo negro nocturno. En el edificio de enfrente, una de las ventanas está iluminada por una luz amarillenta que me permite ver la salita de una residencia familiar.

Veo un sofá, y un hombre joven sentado con un bebé sobre sus piernas. Parece una sala cálida y acogedora. El padre juega con la nenita de apenas un año. Ella lleva un mono rosa, y está plácidamente sentada pero erguida, y mueve un sonajero que tiene en sus manos. Cambia su foco de atención entre el padre y el sonajero alternativamente, y él le observa atentamente y le pone caritas, pero no le da las pistas de lo que tiene que hacer con el juguete, posiblemente prefiere que lo descubra por ella misma. La madre anda cerca, lo sé porque la niña mira a su alrededor de vez en cuando también. El padre sonríe por algun motivo, y la niña le mira y le imita abriendo la boca en un intento aún torpe de risa . En ese momento por fin veo a la madre, porque se acerca a la ventana y cierra las cortinas, y se gira al padre para decirle algo. Esto me hace regresar a la realidad, aunque aún estoy imnotizado por la luz amarillenta de la estancia que se cuela por las cortinas. Después por fin (de)vuelvo mi atención al ordenador. Elijo las últimas palabras con las que terminar de contar este breve acontecimiento de hoy, y me preparo para salir a la oscuridad de la calle; el cielo ya se ha hecho negro completamente.