te recomiendo que una noche fría de invierno que te encuentres por aquélla ciudad tan subrealista y entrañable te des un paseo solitario hasta que pierdas el rumbo y tengas la sensación de que has debido llegar allí por casualidad, o por magia. son las únicas dos maneras en la que uno debería llegar a esa ciudad y a ese lugar. y que una vez perdido en las tinieblas, protegido lejos de la realidad, abras esa puerta que está al lado izquierdo de aquel escaparate iluminado y lleno de incomprensibles objetos, y entres en un lugar extraño y atemporal, como la ciudad misma.
cruza el umbral, pero no seas tímido y no te quedes allí. ve y explora todas las habitaciones, pasillos y pisos como lo haces en esos sueños en los que reincides cada pocos meses desde que eres un niño. igual que Alicia al dejarse caer por la madriguera del conejo, sueña que estás en un mundo en el que el sinsentido es lo lógico, en el que los objetos son los que te observan a ti, en el que el tiempo ni avanza ni retroecede sino que se mueve errático, en el que la luz y las sombras no se corresponden sino que pelean entres sí, donde cada estancia tiene vida propia y es diferente, en el que los subrealista es lo real. únete a ese turista despistado y a los muchos huérfanos de la ciudad de los jardines secretos que comparten alli, sin hablarse demasiado, la magia bohemia del lugar, la luz ténue, la mugre, el amor a la decadencia y en definitiva el carácter excéntrico de la ciudad misma.

te recomiendo que una noche fría de invierno que te encuentres sin prisa y sin problemas, sin alegrías ni tristezas, si acaso con morriña de melancolía, te des una vuelta por lo que hay tras la puerta de la rue de la Violette número 22.