cómo pasa el tiempo, ¿verdad? fíjate, son ya las muy tarde pasadas. pero bueno, el viaje es corto. eso sí, siempre hay algo que ver. ah mira, ¡ya llega!

qué bien, es uno de los viejos. es que no hace mucho que han empezado a reemplazar los vagones del metro, ¿sabes?. además del color, el cambio más notable es la disposición nueva de los asientos. antes iban agrupados de cuatro en cuatro, seguro que te acuerdas, mientras que ahora los viajeros se sientan en dos lineas, así, cara al pasillo central con la espalda a las ventanas. la antigua me parecía una estructura más cálida, compartías espacio y miradas directas con alguien. ahora en cambio todo el mundo mira en la misma dirección, y las miradas vuelan, como mucho, sólo de refilón. no me gustan nada los nuevos, parecen contenedores para trasladar trabajadores empaquetados. por fortuna en esta línea aún funcionan los antiguos vagones, como éste. anda, sube.

¿te importa si nos quedamos aquí? es que raramente tomo asiento, prefiero ir de piés, estirando las piernas, y de cara a alguna de las puertas. me gusta porque puedo ver a los que entran y salen con sus historias a cuestas, y también puedo mirar a los que se han sentado; fíjate que visión panorámica tan chula. ¿te has fijado por ejemplo en esas cuatro señoras que van ahí sentadas juntas y hablan? si ésas, la hindú, la oriental, la musulmana y la africana. singular, ¿no? con los nuevos vagones las curiosidades no tendrán rincones donde refugiarse. serán más aburridos.

oh, ya estamos. ya te dije que era rápido. ten cuidado no te dejes nada. vamos.