Soy un inculto profundo, porque sólo se de las cosas que me interesan y sólo me intereso por las cosas que me resultan entretenidas, bellas o misteriosas. Es decir, no suelo poder dialogar con gente cultivada.
Soy un inculto perfecto, porque no conozco a los cantantes ni deportistas que encandilan al público, ni las series de televisión que mueven multitudes. Es decir, que no puedo mantener conversaciones de ascensor.
Soy un inculto convencido, porque no miro la tele, ni escucho la radio, ni leo la prensa, y hace tiempo que no presto atención a lo que pasa en eso que llaman “el mundo”. Es decir, posiblemente no imagines el alcance de mi pasotismo supremo.