Hacerse mayor no es cuando te levantas la mañana que sigue a tu primera noche de pasión, ni cuando recibes el primer comentario sobre la calvicie que asomaba por tu coronilla, ni siquiera cuando emprendes una aventura lejos no sólo de casa sino también de las convenciones.
Hacerse mayor es cuando un día despiertas y te das cuenta de que un adulto no es más que un niño con responsabilidades.