la estación de McArthur no es la estación más glamurosa. ni la más romántica. ni la más inspiradora. es una de las muchas paradas que simplemente invita a dejarla atrás lo antes posible. como tantas otras, ésta huele a peta y incienso. hay un pintor que va cada mañana, desde el primer día que llegué aquí, y una vez despliega sus brochas y botes de aguarrás, enciende una belita de incienso que aromatiza la estación. los transeúntes varios se encargan de aportar el otro olor.

sin embargo, esta mañana, que suena a La Redecouverte, el aroma es diferente. es refrescante, es ilusionador, es colorido, y es emocionante. ¡qué será! giro la esquina, y veo lo que mi nariz ya predecía; que hoy hay un puesto de flores en la estación, y la gente se acerca a comprar. incluso en esta esquina oscura de la bahía tiene clientes. a todo el mundo le gustan las flores. que alegría empezar así el día.