aeropuerto primero, de cinco. aquí toy. veo mucha gente aeroportosa con sus maletas aeropórticas y sus reglos aeropuertantes. estos americanos te regalan conexción gratis a internet, y como ya he hecho el triángulo de la muerte tres veces (facebook -> mail -> youtube), y he chateado con todas las ex, ahora me pongo a programar hasta que llegue la avioneta. pero antes tiro cuatro líneas random al email. hm, la última vez que miré por la ventana aún era de noche, pero ahora ya veo la luz roja del sol y las sombras azules matinales. esto no son los cohetes que Almudena me pidió, pero prometo echar unos buenos patardazos artificiosos cuando llegue.

aeropuerto numero dos. aún en el nuevo mundo, a punto de dar el salto intercontinental. horas sin dormir, 29. calorías ingeridas, muchas: un tazonaco de yogur con cereales, tres filetes y leche condensada, albondigas suecas, pinchos franceses, tortelini italianos, un poco de comida mexicana, otro yoguraco, dos muslos de pollo. empiezo a escuchar acentos alemanes, holandeses, flamencos y franceses. ya huele a europa.

tercer aeropuerto del día. éste es el más familiar de todos, lo transité casi cada mes durante seis años. y después de un año, sigo encontrando que en este pueblo la gente anda más lento, más despistada y más apanada que en ningún otro lugar del mundo que yo conozca. tenía planeado ir a la ciudad y visitar la Grand Place por una hora y comerme un crepe de nutela con una amiga, pero al final no me ha dado tiempo. así que me enchufo In Sync de Lissa Harris, que es la música a la que esta ciudad huele inevitablmente para mí, y con el ventanal salpicado de lluvia belga, tiro estas líneas. me encanta ver llover. horas sin dormir 39. track 9, ronde de jambes. cerrando notepad.

aeropuerto cuarto, “el de las cartas”. el grifo del baño es muy moderno, y entiendo debería activarse automáticamente al detectar la presencia de mis manos. pero aquello no se enciende. me cambio de grifo, pero el segundo tampoco parece funcionar. deduzco que he palmado en un accidente en el avión y que no me he dado cuenta aún. eso explica que siendo un espectro deambulante el grifo no detecte mis manos. pero justo entonces sale todo el agua de golpetazo. ¡ahí va qué chorrazo!. estoy calado. corro angustiado al secador de manos. el secador no detecta mis manos. toy mojado con el portátil cayéndose y la chaqueta colgando de mala manera, haciendo posturas raras plan Mr Bean, para intentar secarme. pero no veo progresos. desisto. después de 45 horas sin dormir ya casi todo me la rebambinfla. salgo del baño con los lamparones y voy al bebedero que hay fuera. me apoyo en él para poder pulsar el botón con más fuerza y dar un trago agusto. al hacerlo arranco la fuente entera del suelo y consigo un “clan!” que hace eco por toda terminal. salgo de aquí por patas, tomo un asiento y me quedo quietico hasta que llegue mi último avión, no vaya a fastidiar el viaje del todo en el último momento.

aeropuerto final, aterrizaje desde el mar. horas sin dormir, 49. fin de la odisea. veo las caras de la amá y del aitá, después de 15 meses. recojo mi maleta de la cinta transportadora con garbo; ya no estoy tan cansado.