cambio de planes

camino bajo un sol rico riquísmo, matinal, y primaveral, empujado por una brisa refrescante, entre el mogollón de gente que sube y baja y va y viene y dice y desdice. llego al lado de la iñicleta, que está en la misma esquina de siempre, algunos ya sabéis cuál es – si pasáis un día y la véis allí esperándome paciente y leal, saludarla.

empiezo a descandarla; rueda delantera liberada. estoy derrengado. supongo que lo suyo es montar al bart y tirar para casa, reducharme, redesayunar, y mimir un buen rato. cuadro liberado. pero qué buenos que están estoy rayos de sol, qué música de vida esta que me rodea. hm…

cando el cuadro de nuevo, ato la rueda delantera otra vez. este airecito tan bueno me invita a olvidarme de descansar y de mis planes de hoy y de todo, y a lanzarme a caminar entre los turistas, los autóctonos, los predicadores, los mendigos, los hippies, los hiphoperos, los novios. cuesta arriba, rezo para que todos y cada uno de los semáforos se pongan en rojo, y así tenga excusa para quedarme más tiempo deleitándome con este escenario que me rodea.

llego a union square, y me tiro en un jardín, ahí bajo un árbol, el cielo azul y el perfil soleado de un edificio marfil. cierro el ojito derecho, y con el izquierdo miro las sombras suaves y las luces que producen las hojas traslúcidas del falso platanero. cierro el izquierdo también, pero sigo observando, con los oídos, y escucho el viento, y también el murmullo producido por decenas de conversaciones y risas, y unos niños que juegan, y unos coches allí de fondo, y creo que aquellos gritos lejanos deben ser los de un predicata pardillo, y estos pasitos sordos y jadeo deben de ser lo de un perruchi que corretea aquí alado mío.

qué rico este sol sobre mi cara, que sabrosa esta brisa sobre mi barriga.

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