Monthly Archives: October 2009

des-ayunar

la palabra desayunar me parece un poco rara, porque es de alguna forma una doble negación, un poco como si dijéramos “antidesaconsejar” en vez de “recomandar”

más naive que nunca

o los niños de hoy en día están todos tarados, superenviolentados y digievolucionados, o mi Peter Pan interior ha degenerado en un cruce de Oso Amoroso, Ponie Arcoiris y Gusiluz de Corazones.

caligrafía confusa

Aún no entiendo por qué cuando te proporcionan una contraseña que es muy importante no lo hacen de forma impresa en vez de en un pedazo de papel cutre escrito a mano donde no se sabe bien si eso es un uno o una ele, un cero o una o, un seis o una g, etc. Y si no hay impresora a mano, ¿que cuesta tomar un poco de tiempo y cuidado en escribirlo claramente en vez de con caligrafía de médico de cabecera?

demasiado complejos

Sigo pensando que los ordenadores de hoy en día son demasiado complejos.

Los deportistas profesionales compran su material deportivo en tiendas especializadas y por lo general a un precio mucho mayor que el del material más sencillo pero suficiente que compra el hobiista en la tiendas ordinarias. Del mismo modo, el artista compra sus acuarelas y bolígrados de precisión en tiendas especializadas en atender a profesionales, mientra que el resto de los mortales compramos los rotuladores en el supermercado. Sin embargo, los profesionales de la programación gráfica y los investigadores en ciencias computacionales compran sus ordenadores, su herramienta última de trabajo, en el Carrefour exactamente igual que el resto de la gente que quiere un ordenador símplemente para leer el mail.

Aquí hay algo mal, un desequilibrio, y no creo que el investigador necesite una máquina más potente o avanzada para hacer su trabajo, sino que al contrario ese ordenador que va a ser usado para leer el mail está sobre-complejizado y es mucho más sofisticado de lo que debería, ofrece muchas más funcionalidades de las que le hacen falta al usuario casual (demasiadas), y es por ello mismo más caro y sobre todo difícil de usar y vulnerable a desperfectos.

Administradores, usuarios, explorers, cookies, antivirus, firewalls, temas, configuraciones, discos, drivers, versiones, updates, resoluciones, ficheros, desinstaladores… en serio, ¿nos toman el pelo?

En verdad creo que hemos perdido completamente la perspectiva de lo que debería ser un ordenador personal.

otras burbujas

el otro día en el metro vi un tipo sentado escuchando música en un radiocasette, y sacándolo y dándole la vuelta para seguir escuchando la otra cara, y me dije qué alegría ver cuán poco les importa a algunos lo que pase a su alrededor.

pícaros

recuerdo aquél viernes noche,
ya listos para ir de fiesta,
y esa mano metida bajo su falda,
seguida del susurro al oído,
“estoy deseando volver a casa”,
y después su sonrisa,
“yo también”
y cerrar la puerta para salir a la calle

armas contra villanos

Gracias a los dibujos animados y películas infantiles hemos aprendido que existen dos armas fatales que todo villano debería temer: a saber, la infalible cáscara de plátano letal en la que todo ser malvado resbala y la bolsa de canicas de la que ningún malo escapa con vida (no me refiero a una llena de pelos pequeños y blancos, sino a una llena de bolicas de cristal).

Pero claro, ¿quién lleva consigo una cáscara de plátano o en su defecto un platano que sea rápido de comer, o una bolsa de canicas? Supongo que es por eso que los malos, en la vida real, siempre se salen con la suya.

mi vida entra en doce cajas

Con toda la agitación que estoy viviendo últimamente supongo que es inevitable que, aunque no interese a casi nadie, algún que otro pensamiento motivado por mi vida privada se filtre en este blog. Por ejemplo, que me acabo de dar cuenta de que mi vida entra en doce cajas, de las cuales cuatro son para un ordenador anticuado que podría sustituir por cualquier otro, dos para libros que podría bajarme de internet de todos modos y algunos apuntes de la universidad, tres para trapos de H&M y Zara que en cualquier caso tendré que reemplazar el año que viene, y una para mantas, cogines y toallas. Esto me deja con un par de cajas chicas, o una mediana, para un disco duro con varios proyectos en fase de desarrollo, de esos que te emocionas cuando piensas en ellos, y para objetos y recuerdos personales de esos que lloras cuando los miras (de tristeza o de alegría), que son los que realmente cuentan.

Así que mis cosas pesan realmente algo menos de dos kilos y un par de gigabytes. Y sí, ya sabía, lo aprendí de chaval, que la vida en verdad no son los objetos de los que nos rodeamos, sino todos esos años y años de esquí intensivo en el Pirineo, los fines de semana de pesca en la OriBai, las aventuras en la montaña, el gran viaje a Europa, las audiciones, la demoscene, la danza, el piso, y Ellas; pero aunque yo ya lo sabía, no está de más que me lo recuerde de vez en cuando.

…la segunda incursión…