Monthly Archives: April 2009

somos tan miopes

Las matemáticas fueron durante más de tres mil años, ante todo, geometría. Ésto es algo que siempre me ha fascinado, porque significa que los problemas eran planteados y resueltos en términos visuales. Muy diferente de como lo hacemos hoy, que disponemos de una herramienta sistemática y simbólica llamada álgebra, inventada por Diophantus (año 200) y al-Khwa-rizmi (año 800, a quien por cierto debemos el término algoritmo).

Supongo que esto es herencia del renacimiento, cuando en algún momento las matemáticas que se ven y palpan mediante los sentidos, es decir, la geometría, fueron menospreciadas en favor del álgebra que era más abstracta, más elevada y alejada de lo terrenal. No sé si en verdad se trató de una segunda plaga de pitagorismo y platonismo asqueroso como lo acabo de plantear, o símplemente que el álgebra se reveló como una herramienta terriblemente eficaz con reglas y métodos sencillos, capaz de atacar problemas complicados sin el esfuerzo de construir imágenes, de imaginar. Sea como fuere, el resultado es que hoy en día hemos perdido la capacidad de interpretar las relaciones y estructuras de las cantidades en términos de formas, cuerpos y superficies. Somos incapaces de hacerlo incluso para los ejercicios de colegio más sencillos. Pero no nos deprimamos, creo que es normal; los profes nunca nos enseñaron a pintar y dibujar los problemas, sino a transcribirlos en ecuaciones y resolverlos mecánicamente ajenos a toda intuición.

Personalmente, a pesar de que por suerte me las apañé para crear metáforas para muchos de los conceptos enseñados en el cole y la universidad (por lo general en lenguage de formas y ritmos), no deja de sorprenderme lo profundo de las habilidades de los griegos para pensar visualmente. En mi humilde opinión los antiguos matemáticos fueron realmente lejos en el arte de comprender geométricamente. Tanto, que mi mente, cegada por culpa del álgebra simbólica, tiene dificultades para comprender.

Por eso acabo de comprar “Los elementos”, que no es el nombre de un grupo de rock ochentero underground, sino la obra más importante escrita hasta la actualidad en el mundo occidental, por Euclides de Alejandría, padre de la geometría. Si todo va bien mañana lo tendré sobre mi mesa. Estoy ansioso por sumergirme en sus páginas, escritas hace 2300 años, y descubrir cuánto nos estamos perdiendo. Quiero aprender muchas cosas, y desaprender algunas pocas; pero sobre todo dejar de ser miope.

secretos ajenos

por supuesto tengo muchas más caras, o mejor dicho, facetas, de las que casi nadie conoce,
tal vez, como todos.
no hablo de ellas salvo que me pregunten o venga al caso,
es decir, rara vez.
no es que esconda nada, ni mucho menos,
de hecho amenudo olvido si alguna vez decidí guardarme algún secreto,
y tengo que rebuscar en mi memoria para desmentirlo.

tal vez porque soy así de transparente,
o no sé por qué,
la gente me hace contínuamente confidente de sus secretos.
y yo, como no tengo míos propios, los guardo con celo.

por el camino

salgo de casa con hambre de vida
bajo la calle con el sol que me da los buenos días
esquivo a los charlatanes pesadísimos que quieren mi firma para su causa perdida
intercambio una sonrisa con una chica que acaba de salir del metro con mil carpetas y libros
me cruzo con un hombre cojo, y pienso qué afortunado soy de estar de una pieza
me dejo contagiar por la energía de cuatro niñas japonesas que ríen, cantan, saltan y corretean por el vagón
miro con envidia una pareja que se agarra de la cintura mientras sube la escalera mecánica
una señora y una mujer, madre e hija, charlan de sus cosas mientras van de compras
de frente, esperando bajo el semáforo, una cuadrilla de estudiantes hablan de sus cosas
paso al lado de una chica que mira distraída al infinito mientras su perro trota por el jardín
abro la puerta de cristal; ya he llegao

pibon

egunon significa “buenos días”, o literalmente “día bueno”. De manera parecida, arratsaldeon quiere decir “tarde buena”, gabon “noche buena”, y pibon “tía buena”.

decepción

Bueno, tal vez ayer conté una pequeña mentirigilla… no leo la prensa ni escucho la radio ni veo la tele ni sigo los blogs, salvo por una excepción, ésa que confirma la regla. Y es que una o dos veces por semana, si puedo, me conecto a la web del programa de Buenafuente para disfrutar de los monólogos y la sección Bertovisión. El trabajo de los guionistas es impresionante, el gancho de Andreu insustituible y la aportación “fresca y atrevida” de Berto Romero irremplazable.

De hecho, me alegró enterarme de que Berto había conseguido su propia locomotora del humor, y sabiendo que el maquinista “domina todos los resortes del humor” no dudé en conectarme a la web para buscar los videos del Programa de Berto. No sé si por culpa de gente como yo que no cuenta como audiencia y porque las generaciones nuevas son más de ratón que de mando a distancia, o por qué, tan sólo pude disfrutar del programa durante tres semanas. Creo que la locomotora tenía vapor de sobra y que había maquinista para un rato, pero bueno, qué sabré yo de tele si ni la mirp ni la tengo. Alguien “sabrá” por qué han chapado el programa. El caso es que se han cargado una de las pocas cosas por las que me merecía “ver la tele”.

mi burbuja transparente

vivo en mi burbuja de red, ésa que me aísla del mundo fraudulento y me permite respirar la realidad verdadera. por entre los agujeros de esta burbuja, que es tan transparente, puedo ver el mundo tal cual es y además mirar con calma y detenimiento las cosas que me interesan. también por entre sus agujeros se cuela a veces algún chisme envenenado de importantísima actualidad mundana, y entonces dejo que mi cuerpo lo asimile rápidamente pues sirve de vacuna contra males mayores.

y cuento esto para justificar, porque tengo la sensación de que uno le exigen que justifique algo así, para justificar como digo que no tengo televisión (diez años sin tele, quién da más?). no es que le tenga alergia; pero sinceramente aunque tuviera un receptor de realidad en alta definición 1080p, no sacaría tiempo para hacerle caso. como digo, ¿para qué quiero tele, radio, periódico o webs de noticias teniendo esta burbuja de red tan tan transparente?

el verano

primero fue la primavera, y hoy el verano; he decidido que éste también ha llegado ya para mí. y para celebrarlo, aunque hoy esté seca, me paso por la fuente como antaño para remojar mis pies figuradamente y escuchar imaginariamente cómo brota su agua.

es tarde, y hoy por fin no tengo nada que hacer de urgencia, así que he decidido venir aquí. hace calor, y aunque es bien oscuro, no soy el único que ha acudido esta noche a festejar su buen estado de ánimo. alrededor de la fuente, como en agosto, hay gente sentada por parejas de charleta o en solitario pensativos. tomo un lugar y me uno a la celebración.

todos miramos la fuente vacía, y yo me pregunto a qué esperan para ponerla a funcionar, ¿cómo no han podido darse cuenta de que el verano está ya aquí? sobre la fuente veo las estrellas que brillan fuertemente en un cielo negro como pocas veces. y en el centro, ocupando orgullosa su lugar, la constelación de orión. el gran cazador me recuerda que técnicamente aún estamos en la temporada fría, pues de bien chico aprendí que no es hasta que casiopea reemplaza a orión que las cosas se tornan realmente calurosas. pero me da igual lo que piense este ayuntamiento que no enciende la fuente, ni las estrellas que no se van, ni nadie de nadie. la primavera llegó, estalló en mil colores y sabores dentro de mí, y yo desde ahora vivo ya en un verano fantástico.

la vi, me miró

la vi, me miró, le pregunté, me contó, le pedí, y accedió, le llamé, me acompañó, le escirbí, me contestó, le invité, aceptó, la seduje, me conquistó, la besé, suspiró, le propuse, lo compartió, desperté, despertó, sonreí, sonrió, la mimé, se dejó.

y a partir de ese momento, nos miramos, nos preguntamos, nos contamos, y accedemos, nos llamamos, nos acompañamos, nos escribimos, nos contestamos, nos invitamos, aceptamos, nos seducimos, nos reconquistamos, nos besamos, suspiramos, nos proponemos, lo compartimos, despertamos, sonreímos, nos mimamos, nos dejamos.

no son montañas, son polinomios aleatorios

He estado varias semanas sin escribir, por muchísimas más razones de las que contaré en este blog. Aún así, puedo desde luego contar que aunque me prometí no volver a hacerlo, hace tres semanas me embarqué de nuevo en una aventura terrible. Qué le voy a hacer, soy un liante, no me sé estar quieto. Hay cosas que son inevitables, y la mezcla de fórmulas, bytes, cumbres nevadas, música, y matemagias es una de esas cosas en las que me tenía que dajar caer conscientemente a pesar de que algo en mi interior me estuviera diciendo “no, no de nuevo cacho bruto”.

Esta vez tengo al menos la excusa de que me empujaron, de que el enmarronamiento fue parcialmente inducido por elementos externos. Y es que en Febrero hice unos experimentos sobre fórmulas y técnicas nuevas que me permitieran crear paisajes montañosos en menos de cuatro kilobytes al tiempo que fueran representables en tiempo real (que fueran fórmulas interactivas, en otras palabras, como un videojuego), y durante estos experimentos un amigo danés al que enseñé algunos de los resultados intermedios me animó a continuar y colaborar con él. La idea era que yo haría las matimágenes y formulanimaciones, y él se encargaría de la matemúsica y aplicar un poco de magia negra hexadecimal. Y como yo andaba liado y sin tiempo, como siempre, dije que sí.

Y así quedó la cosa, hasta que hace tres semanas caí en la cuenta de que si quería hacer algo digno de podio en el concurso de demos del que acabo de llegar este fin de semana, teníamos que ponernos las pilas. Así que por dos semanas y media, todas las noches non stop he estado sumergido en polinomios, cosenos y algún logaritmo, pintando texturas, creando nubes, haciendo crecer montañas, y coreografiando cámaras.

Éste último punto fue interesante de hecho, porque esta vez intenté crear cámaras más naturales y menos trigonométricas (suaves y derivables a más no poder, es decir, aburridas). También intenté dar a la imágen el brillo central, el parpadeo natural, el desplazamiento de color y el grano característico de las imágenes analógicas tomadas por una cámara real. Además busqué con esmero los parámetros de las fórmulas que dieran como resultado perspectivas lo más espectaculares posibles, e intenté evitar tomas completamente estáticas que resultan irreales (pues las cámaras de verdad tienen peso e innercia).

Me faltó tiempo, y mucho, para dejarlo todo como yo habría querido, pero el resultado es de todos modos más que decente, y como experimento ha salido estupendamente bien. Después de todo la gente “ve” montañas donde en verdad sólo hay unos polinomios. Así que tendré que decir aquello de “misión cumplida” (aunque sólo de momento).


No son montañas, son polinomios aleatorios