Monthly Archives: January 2009

tendencias binarias

Parece ser que hoy en día el mundo tiende a la binarización y el axioma de la división en dos empieza a acapararlo todo. Política, moral, sociedad… La tendencia tal vez haya infectado también incluso nuestra percepción de la vida, he ahí aquellas frases del tipo “sólo hay dos tipos de personas en el mundo…”, donde la dicotomía más famosa es la que termina en “… los ganadores y los perdedores”.

Por supuesto nadie está libre de esta moda de estampados ajedrezados; dos veces caí yo en la tentanción a binarizar. Pero ahora cuando me preguntan sobre diferentes temas en clave clasificatoria suelo casi siempre decepcionar a los que esperan escoja si soy de fanta naranja o de fanta limón. Lo siento porque, aunque tengo tantísimas cosas tan claras y conozco casi todas las grandes verdades, o precisamente por ello, no puedo ni quiero contestar cuando se argumenta sobre un marco de referencia absoluto o se habla en un lenguaje de ideas blancas o negras.

la magia de los hayedos

Mis montes, grutas y bosques estuvieron hasta hace bien poco repletos de todo tipo de seres mitológicos. Además de por supuesto la madre tierra Mari en persona y su compañero la serpiente Sugar, moraban allí Jentilak (los gigantes), Basajauna (el señor de los bosques literalmente) que cuidaba de los hombres, Akerbeltza (el carnero negro) que protegía el ganado, Tartalo o Gaueko con los que era mejor no cruzarse, y tantos más… Y aunque en la misma época de la caza y desparición de las últimas Sorginak (brujas) muchos de estos personajes genuinos se marcharon o cambiaron de identidad, sé que algunos se quedaron y aún velan por nosotros.

De hecho, aunque nunca haya mirado de frente al Basajaun, he sentido su presencia cercana varias veces. Así que si te adentras en alguno de éstos bosques estate alerta, y no des dos pasos sin mirar bien lo que haces. Podrías fácilmente pisar un Galtxagorri sin querer, porque aunque son implacables trabajadores y muy fuertes, son también muy pequeños. Ten también siempre presente no detenerte demasiado tiempo frente a ningún estanque o riachuelo, porque allí descansan durante las noches unos seres mucho más modernos pero igualmente mágicos, las Lamiak, mujeres con pies de gallina y oca que trabajan sus cabellos con peines de oro y cuya belleza te embrujará de inmediato.

Cuando camino por esos lugares comprendo que protegida entre la luz y la oscuridad de los hayedos, tanto magia moderna como magia ancestral aún perduran en muchos de los lugares de nuestros paisajes.


Uno de los hayedos de Euskadi, foto del aita

el tamaño de las bolas

El contenido (longitud, area, volumen, etc) de una bola de n dimensiones y de radio r es

y puede calcularse desarrollando la bola de dimensión anterior con un perfil circular:

lo que da

(que por supuesto empieza por los famosos “dos erre, pi erre cuadrado, cuatro tercios de pi erre cubo” del colegio, etc etc).

Tras un rato de integrales en el metro, me aburrí y lo dejé en n=6. Así que en casa he mirado en la Wikipedia para ver como seguía la secuencia. Parece ser que a partir de ese punto los valores van decreciendo, lo cual podría traducirse en la que declaro como la (pronto famosa) ley de las gayolas “cuanto mayores son las dimensiones, más pequeñas las bolas”.

También me cuenta la Wikipedia que existe expresión cerrada para la secuencia (mediante el uso del doble factorial), incluso puede generalizarse a valores de n no enteros (ver funciones gamma, claro). El caso es que las bolas más grandes son la de dimensión 5.257… Y aunque la existencia de un máximo local rompa los esquemas de muchos, quedémosnos tranquilos porque el contenido relativo de la bola metida en un hypercubo del mismo número de dimensiones sí es monóticamente decreciente. ¡Uf!, el universo vuelve a estar en paz.

el ninja del metro

Las puertas están a punto de cerrarse. De pronto un hombre sale de la nada al andén y acto seguido se cuela de un salto en el vagón, apurando tanto tanto, que diría el espacio ha tenido que curvarse para permitirle atravesar el umbral sin pegarse el de frente con las puertas. Lo miro confuso, con la sorpresa de quien acaba de ver algo físicamente imposible. Me fijo que el hombre que jadea ya a este lado de las puertas es un anciano oriental bajo y flaco, pero fibroso. Parece agotado, y sin embargo antes de la que debería haber sido su tercera respiración profunda de desahogo, ya se ha recuperado y camina erguido, riendo en busca de un asiento. Estoy seguro de que si no lo encontrase no sería un problema para él, siempre podría reposar boca abajo en el tejado o meditar en pseudo levitación agarrado a alguna de las barras de apoyo del pasillo. Y es que los ninjas son así.

al fumador marrano

para ese tío fumador, que me jode mi paseo cotidiano,
que caminas apenas tres pasos delante de mí, ¡si tú!, ese fulano;
para el que parece que carteles y prohibiciones se hicieron en vano,
que fumas desesperado y me escupes en la cara tu humo insano,
y que es desagradable a más no poder, sobre todo si es temprano,
para ti:
si una vez te adelanto y me pongo yo delante tuyo, así, muy cercano,
y me esfuerzo en sacar lo mejor de mí mismo en forma de metano,
es decir, que me tiro a posta, en tu jeta, un cuesco sobrehumano,
no te sorprendas, ni te atrevas a llamarme a mí marrano.

no, ahora no

ahora no quiero tirar, ahora no me apetece cargar con penas ajenas, ni sudar ahuyentando las sombras de los que todo lo ven negro. si te muestro el color del día, y te desvelo el secreto para ver las maravillas, si te ofrezco un canto de felicidad y no lo aprecias, o no lo quieres apreciar, entonces no, yo no quiero tirar. compañeros de viaje busca Zaratrusta, no muertos a sus espaldas. sólo regalo la vida a quien sabe regocijarse en ella, o a quien su belleza le sobrecoge y su dureza le reta. entonces, si sudas subiendo tu montaña, yo sudaré contigo; y si las púas de tus sueños te pinchan al agarrarlos, yo me pincharé contigo. pero hay que darse prisa, ¡ahora mismo camino ligero!

"acostadores"

alguien debería inventar el “acostador”, un artilugio con función opuesta a la del familiar despertador, y a poder ser algo más que un simple recordador de hora.

salitre, tesoros y aventuras

Mi infancia tiene, entre otros muchos, un intenso olor a salitre, alga, y espuma de ola. Crecí jugando en las rocas de Ondarreta y las del Pico del Loro, y en el monte Igueldo, que tiene puesto ballenero y faro para los marineros. También paseando por el monte Urgul, fortín con murallas y cañones que un día protegieron a la bella Easo. Y pescando en la isla Santa Clara o en los muelles del puerto.

Mi infancia también huele a esos libros de Enid Blyton repletos de islas escondidas tras las nieblas, faros fantasma azotados por tormentas y pasadizos secretos que conducen a cavernas llenas de tesoros.


S.J.de Gaztelugatze, foto del aita (retocada)

Cómo pues no iba yo a fantasear con que los acantilados de Igueldo fueran tumba de buques legendarios, o que las rocas del Peine de los Vientos enterraran algún tesoro, o que entre los muros del Pico del Loro hubiera algún mapa escondido. Cómo dudar de que alguna de las cuevas o túneles del monte Urgul se extendían bajo la bahía hasta llegar a la isla, o que atravesaban el monte hasta conectar con las catacumbas del museo San Telmo que está a sus faldas.


S.J.de Luz, foto del aita (retocada)
Pero no sólo Donostia, toda la costa vasca está llena de sitios que inspiran épicas batallas, destinos fatales y aventuras. No hace mucho el aitá sacó una foto a la isla de San Juan de Gaztelugatze en Bizkaia, que se presta a imaginar fue guarida de piratas; tal vez escondieran allí alguno de sus botines. También fotografíó el puerto de Saint Jean de Luz, en Lapurdi, donde es fácil imaginar los barcos corsarios salir en busca de sus presas inglesas.

Parece ser que las costas vascas, habitadas por excelentes marineros, fueron fuente inagotable de corsarios y también de piratas durante varios siglos. Pero dudo escondiesen tesoros o secretos en una costa tan poblada y activa como la nuestra. Tampoco he escuchado (aún) del descubrimiento de galería secreta alguna ni de mapas de como llegar ni a la isla de Tortuga ni a ninguna otra. Pero si tienes la imaginación de un chaval donostiarra de diez años, o de treinta, ese tipo de detalles no importan en absoluto; para ti todos aquellos lugares donde se escucha el sonido de las olas y huele a sal esconden, sin duda alguna, innumerables tesoros aún por descubrir, pasadizos para investigar y misterios que desvelar.

what to wish

[…]

And that’s how, for quite some time, I was making a wish every December 31. In fact it was the same wish all the time. Because for quite some time, when doing the break to talk to myself I found there was place only for one thing in my heart. And of course, for quite some time, the wish was indeed growing and becoming true.

Until one day, cause suddenly that thing didn’t make sense anymore. That December 31 I found myself roaming over the forgotten valleys of my own soul, looking for a new wish that could replace the old one. I found nothing but the echos of the old entrustment, which didn’t let me hear the voice of my other (perhaps more deep) dreams. It was still too early to make questions, and when I realized that, I promised myself to try later again – perhaps next time I would have a dandelion in my hands.

The following year, and that was just few days ago, I made the break again, and before searching for my wishes, I looked back in time, a bit. Cause perhaps I would already had done my homework during the last months. And indeed I remembered that once, not long ago, I threw a coin to a fountain and decided to embark into new adventures; and that another time I found a four leaf clover and I promised to resume some of my projects. I also realized that most of those wishes did indeed start to become true once again. Of course I also thought about what happened one year before. And so two tears felt down my face; one for everything I had lost and that I missed this year; the other one for the happiness of realizing I didn’t need to search for new wishes, they were still all there.

how to wish

I know wishes do not become true just because you ask for it or because you firmly believe in them, I don’t care what they told you about that. I’m also sorry to inform you that it’s still the case no matter what nonsense ritual, tribute or sacrifice you do.

However, I do also know wishes do usually become true when you work for them. That’s why each time I see a falling star, or it’s a special date, I stop for a while whatever I’m doing and I promise myself to do my best to keep going where I want to go. I always found more beautiful reacting to a falling start than praying to a cross, more honest to ask yourself to improve than delegate in others, and absolutely romantic the certainty that only us can make things change.

a matter of taste

There isn’t such a thing as the “correct colors” for an image, and that makes experimenting, improvising and refining postprocessing so much fun (call it tonemapping, color correcting or color grading if you want). For example, the other day I took this image x

and applied

a = (x + x²)/2
b = (2a + blur(a))/3
c = b + grey(b)·(-5,10,5)/100
y = 1.1c – 0.1

to get this other image, y :

Not sure it looks better, it’s matter of taste I guess. But I like it; apparently I have lately been into highly contrasted greenish images for some reason (check Slisesix or Leizex for example).

publicidad

Creo que han tomado mi buzón por papelera. Cada semana saco del él una cantidad de basura tremenda. El elemento más común es la publicidad (y alguna rara vez, propaganda), que no dudo en devolver al contenedor de reciclado, del que todo ese papel ahora inútil nunca debería haber salido, y que para más inri suele ir envuelta en una bosla de plástico. Más allá del tema moral del (ab)uso del papel y el plástico que reciclamos, el simple hecho de tener que preocuparme de vaciar el buzón cada dos días, para evitar que cartas importantes no me lleguen por culpa de un buzón lleno, me carga sobremanera.

Hace un mes más o menos llegó de la comuna (especie de ayuntamiento local) una aburrudísima encuesta de unas cinco páginas que me invitaban a rellenar (si mi voluntad así lo disponía) , en la que era posible indicar qué tipo de publicidad recibir en mi buzón. Bastante excéptico yo, pasé del tema. Pero la comuna insitió: al cabo quince días me llegó la misma encuesta con una amable y naive “Perdón, pero posiblemente se le olvidó rellenar la encuesta que le mandamos hace dos semanas” (muy belga la cosa). Decidí cortar por lo sano y ahorrarme perder los nervios cada quince días con el mismo tema, así que la rellené. Fue muy fácil, empecé a rellenar cuatro páginas con todas y cada una de las casillas con un maravilloso “NO”. Ahora bien, cuando llegó la quinta página aquello me empezó a oler mal. Me preguntaban sobre mis costumbres de vacaciones, si utilizo mucho el coche, etc… Aquello era una encuesta para mandarme publicidad personalizada/selectiva, sin descaro alguno. Aún así me dije que de perdidos al río, y seguí marcando NOs: no, no tengo coche; no, no voy al cine; no, no voy de vacaciones; no, no veo la tele; no, no leo el periodico; no, no quiero la National Geopraghic; no, no quiero la Pabo (?); no, no me interesa la radio; no, no me gusta leer; no, no quiero una jodida cámara de fotos nueva, ¡no, no, no, no!.

Por fin mandé el encuestón que me libraría de que el cartero llene de porquería mi buzón, y de que yo tuviera que andar al tanto en vaciarlo cada pocos días. Sin embargo, a día de hoy no sólo sigo recogiendo la misma cantidad de mierda del buzón que antes de mandar la enquesta, sino que además diría que recojo incluso más. Y seré un bicho raro y cascarrabias, pero ¡quiero que me dejen en paz! ¡Por favor!

el mismo

[…] sí, ahora llevaba cargas mayores sin que se le quebraran las ramas, y sabía esforzarse en borrar las huellas de los tesoros perdidos que había hecho tan suyos. Salvo eso, descubrió con alivio que apenas había cambiado; seguía siendo el mismo después de cinco años. […]

[…] yes, now he was able to handle bigger charches without breaking his branches, and he could even try to erase the footprints left by those treasures he borrowed and made so much part of himself. But other than that, what relief to discover that he barely had changed; five years later he was still exactly the same.[…]


Una mañana de Enero del 2004 – One morning during January 2004


Ayer por la mañana – Yesterday morning / Enero 2009 – January 2009

mariñelaren zai

La esperanza no es algo negativo si va acompañada de una búsqueda o lucha activa por aquello que la suscita; de hecho, puede convertirse en el arma más poderosa. La resignación en sí misma tampoco ha de ser fatal, ya que puede servir para cambiar, rearmarse y seguir adelante con nuevas ilusiones. Ahora bien, si no es así, cuando resignación (pasiva) y esperanza (ciega) se unen la infelicidad está asegurada. Por eso para mí “mariñeralen zai” es una canción con final triste.

Arotzak zuen alaba bat,
zan herriko xarmangarriena.
Bi gizonek nahi zuten jabe izan,
haren bihotzaz nola esan.

– Zer dun, zer dun ene alaba?
– Mariñela maite dut aita.
– Ez al dun ulertzen, ezinezkoa da;
jauntxoa da hiretzat maitia.

Orduan egarriak denak ziren ba
maitasun ukatuarentzat.
– Jauntxoa dator hire esku bila,
mari
ñela Irlandara doa.

Hala izan zan eskontz behartua,
aberatsik ez ziren han.
Ta guztiek dantzan, guztiak alai,
mail ezberdinak ahaztuaz.

– Zer dun, zer dun ene alaba?
– Mariñela maite dut aita.
– Ez al dun ulertzen, ezinezkoa da;
jauntxoaren emaztea zara.

Gaur egun oraindik ikus dezakegu
alaba hura lehioan,
mariñelaren zai, zai;
itsasoan du itxaropena.

(traducción en la sección de comentarios)

mariñelaren zai

El cantábrico, custodiado por el Jaizkibel, Izarraitz, Hernio y Adarra (foto del aita)

otro descubrimiento

Hace poco conocí el trabajo de Victoria Francés, o bueno, al menos por encima (gracias Viviana). Se trata de una joven ilustradora crecida en Galicia. Sus trabajos originales plasman esos mundos oscuros, de magia, góticos y románticos. Una versión más tenebrosa de la mitología centro-europea de brujas (tan conocidas en mi tierra vasca y norte de españa), bosques, castillos, duendes, hadas, vampiros. Aunque entre la oscuridad siempre hay sitio para la luz, para el deseo y la atracción. Aún no he puesto mi zarpa encima, pero pronto me haré con su trilogía Favole que ilustra (nunca mejor dicho) esa etapa de su creación. Espero que sus dibujos me lleven como al niño de la Historia Interminable a esos mundos de encantamientos ancestrales y estética romántica y gótica que desde que llegué a Bruselas me atrae. Lo bueno es que a diferencia de Brian Froud (de quien compré un cuento de brujas a mi hermana Estefi hace un año) cuyos personajes son a menudo traviesos, feos, incluso malformes y terroríficos, el mundo de Victoria Francés me da la sensación que se mueve mucho más en el terreno de la belleza (peligrosa), la atracción (fatal) y el erotismo (misterioso).

Por lo que veo el último par de años ha pasado de la fantasía europea a otros tipos de estéticas, y del dibujo a la fotografía, aunque con el mismo trasfondo oscuro y de sensualidad. Un tema que especialmente me encanta son sus fotografías con trajes de época, en escenarios como Venecia o Versalles. Corsets, abanicos, máscaras, paraguas. O sus mundos de esos personajes tan inquietantes, como los muñecos y los clowns. Preciosos esos personajes infantiles, ingenuos y macabros. Su lámina Shasha es un ejemplo maravilloso.

Algunos de sus primeros trabajos del gótico romántico y de fantasía: aquí.

Sus fotografías con estética “veneciana” (no sé como se le llamarlo): aquí.

Y algunas más macabras, las del tema clown: aquí.

parejas eniféminas

Iba yo pensando que, como hace poco aprendí y comprendí, en algunos casos de Sonia a Sofía va mucho más que una mera sustitución de letras. Tal vez  por cuestiones políticas uno no pudiera dar, o incluso por temas de intimismos familiar no debiera utilizar, el primer nombre y tuviera que conformarse con un segundo.

Luego mis pensamientos se centraron de nuevo en el malabarismo ortográfico en sí mismo. Porque, ¡qué gran casualidad la de este caso, en el que basta que una n trapecista dé un mortal de ocho posiciones en el alfabeto, y una tilde equilibrista salte a escena y se mantenga de puntillas sobre la i, para que un nombre se convierta en otro! Después el hilo de los pensamiento se me descarriló por completo (cosas del metro) y me pregunté cuántos casos más existirían así, cuantos enifemismos (parejas de palabras legales que pueden intercambiar la ene y la efe) adicionales se esconderían en el vocabulario castellano. Ya en el mismo metro encontré unas poquitas, como Nuria-furia, o normaforma. Y al llegar a casa, al loro frikada de la semana, rastreé sistemáticamente más de ochenta mil palabras, por parejas, para encontrar 157 duetos eniféminos. Los que más me han gustado han sido:

sofreírsonreír, fatalidadnatalidad, fueranuera, grafitogranito y gafar-ganar.