Monthly Archives: July 2008

un pequeño paraíso

Entre ayer y hoy he descubierto un nuevo “txoko” secreto, un nuevo pequeño paraíso. Tan cerca que estaba, tan vulgar que me lo imaginaba, y tan agradable que ha resultado ser. Al lado de casa tengo como sabéis, los que la conocáis, ese parque tan frecuentado por los lugareños (si existe tal cosa aquí) durante los tórridos días de verano, que este año están siendo bastantes (gracias Gemma por tu mal pronóstico). Cuando el calor aprieta menos y el agobio deja paso a esa sensación de perfecto bienestar, allá por los 25 grados, es una buena idea acercarse al parque, especialmente a su fuente circular. A esa hora, que son las 21h, la gente deja los jardines para acercarse tímidamente a la fuente y escuchar mejor el sonido del agua al caer. A esa hora, cuando el tráfico feroz ha sido remplazado por el sonido de las conversaciones y los pasos, la gente recupera su espacio, las calles, la ciudad. Según uno se acerca a la gran flor de agua el ruido de las gotas al caer sobre el plato manso de ondas tenues se hace más pronunciado. El aire se hace más fresco, más respirable. El olor cambia también, es incluso posible sentir la fragancia del agua fresca en los pulmones. La gente se congrega poco a poco en su borde de piedra, no mucha, ni poca, la justa. En grupos, en familia, en parejas, en solitario. Todos guardan un silencio cómplice, el de saberse disfrutar de un mismo espectáculo; sencillo pero especial. No dejamos de ser nosotros los que proyectamos en las cosas su valor. Sentados, abrazados, tumbados, recostados, con los pies dentro o fuera del agua, acompañando con música el chapoteo de los chorros o sin ella, la gente espera que el sol se ponga, lentamente, durante una hora. Como si de un ritual se tratara, sólo se puede oir el silencio de las personas y el discurso del agua. Es fácil quedarse hipnotizado viendo las parábolas que el agua forma, son siempre diferentes, como lo es el sonido de las olas del mar. Lo que parece un flujo constante de agua en los pistilos de la flor se convierte en un sinfín de pedazos disjuntos de agua que bailan y chisporrotean en su viaje por el aire. La gran columna principal cambia de forma constantemente, sutilmente, como coqueteando frente a esos que la miran con detenimiento. No es difícil dejarse persuadir de que toda la gran flor líquida está de hecho bailando al son de nuestra música, es difícil pensar que esos vaivenes, oscilaciones y balanceos sean capricho del azar y no producidos por la música que uno escucha. Sin que apenas de tiempo a darse cuenta la noche ha caído. Son las 22h30, y la temperatura es tan agradable, el tacto de la hierba tan suave, el ronroneo del agua tan envolvente que uno quisiera quedarse allí para siempre. Todos siguen mirando la flor de agua, pero algo cambia. Los niños empiezan a moverse, los jóvenes empiezan a hablar. Como si la noche invitase a bailar, todos nos activamos, parece que volviéramos de un sueño. Los niños, como siempre, son los primeros en hacer lo que todo el mundo está deseando: meterse en el agua. Corren y chapotean, juegan a acercarse lo más posible al centro de la flor, acompañandos de risas, aplausos y gritos. Los grupos de jóvenes empiezan a charlar con enérgicos aspavientos de brazos, las parejas ríen al ver los críos disfrutar. Algún jóven de los solitarios deja sus zapatillas y decide hundir las rodillas, y dos chicos fumado(re)s hacen lo propio, retando a la gran columna de agua, que siempre gana por supuesto. Sonrisas y ruido, algunos se recuestan de nuevo sobre el césped y siguen escuchando música. Las noches así no deberían terminar nunca.

bienvenido a mi trastero

Si, yo también. Necesitaba cierto espacio en la gran internet donde poder tirar mis pensamientos, amontonar mis ideas y acumular mis recuerdos. Si todo va bien habrá “un poco de todo” por aquí, y con suerte al volver un día a abrir la puerta de este trastero encontraré pequeños juguetes con los que me divertí un día. Posiblemente me traerán recuerdos con los que valga la pena distraerse un poco, quién sabe. Hago este trastero público, siempre he sido del tipo de niño que compartía sus juguetes, o la mayoría de ellos. Mas info aquí.